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La búsqueda de lo Contrario

Palabras para la exposición de la pintora Carmen Lloret Mesa, presentada por primera vez en Cajasur en la primavera de 2019.


DIDÁCTICA DE LOS COLORES SEGÚN GOETHE.

Amarillo es el día. 

Azul es la noche.

Verde se extiende el mundo.

Luz y tinieblas se desposan

tanto en la oscuridad como en la claridad.

Con el color se manifiesta el universo.

Gracias a los colores se disciernen unas cosas de otras.

Cuando la lluvia y el sol,

cansados de sus discordias en las nubes,

unen lo árido y lo húmedo

en las nupcias de los colores,

entonces resplandece lo oscuro y lo luminoso,

e irradia en arco desde el cielo

nuestro ojo, nuestro mundo.

Hannah Arendt, Poemas, Herder Editorial, trad. Alberto Ciria.

1.

Desde el comienzo del pensar humano reina una idea, fija y potente por todo el hilo del tiempo: la lucha de la luz contra la oscuridad. La dialéctica de contrarios fue la base teórica de un viejo pensador que provenía de costas hoy turcas, Heráclito. La lucha entre el agua y el fuego, el blanco y el negro, hacían del mundo y la realidad lo que es. Hacían posible la riqueza de los matices.
Un ateniense de anchas espaldas se alejó de la dialéctica y sus híbridos en busca de la pureza. Platón se enfrentó a la oscuridad de la caverna convirtiéndola en símbolo de ignorancia, borreguismo y sumisión. Y a la luz, en cambio, le ciñó la corona de los conocimientos verdaderos, la Verdad y la sabiduría.

La división entre el bien y el mal se daba también en otros pensamientos filosóficos y religiosos trascendentales. Para Zaratustra, el bien siempre podía vencer al mal. El cristianismo opinó lo mismo: el mal aparecía en la forma de Lucifer, que había dejado de ser Luzbel (la luz bella), para transformarse en su contrario. Un ángel caído no quedaba a medio camino, inexorablemente se convertía en lo oscuro, lo malvado, lo que en lugar de estar arriba debía estar abajo -en las profundidades.

luz-oscuridad, bueno-malo, arriba-abajo, sabiduría-ignorancia

¿Qué hay de las medias tintas? ¿De todo lo que queda por enmedio? Los grandes hombres que buscaban al dios único, al pensamiento único, a la teoría única, dividieron la luz por un lado y la oscuridad por otro. Pusieron el bien arriba y el mal abajo. Inventaron una salida aniñada e injustificada, afirmando que al final triunfaba la luz. ¡Y la verdad, y el bien! Como si los contrarios se mantuvieses siempre puros, libres de contacto, libres de ambigüedad…

Olvidaron que la dualidad no es sólo dualidad. La dualidad, que acaba en Totalidad, lleva sólo al absolutismo. Todo se diluye en lo Supremo, que iguala. Iguala absolutamente. Olvidaron que no hay oscuridad pura ni pura luz, así como no hay bien auténtico y mal radical. Los contrarios no son sólo dualidad: son pluralidad. Infinidad de variantes y de factores. Infinidad de medias tintas.

Cada día trae una nueva lucha. Cada persona una nueva experiencia. Cada buen acto un nuevo modo de hacer bien. Cada error una nueva variante de bien y mal. Cada penumbra o destello distintas versiones inseparables mezclas de luz-oscuridad.

Pero las distinciones hacen que todo sea más fácil. Más comestible, más asumible. Nos gustan las cosas claras: yo bueno, tú malo. Nosotros buenos, aquello de allí malos. Yo hombre, tú mujer. Yo sabio, él ignorante.  Las fronteras dejan las cosas como más nos gustan: simples. 

Obras de Carmen Lloret.

Esta exposición juega con la luz y la oscuridad mezclándolas. Reproduciéndolas por cómo son. No es casualidad que sea un mujer la que ponga esto de manifiesto, y que lo haga de la manera menos absoluta y dogmática posible. Ella no busca la Verdad Suprema, ni la Luz total, ni lo Bueno. Ella plasma los claroscuros latentes en todo. En todas partes y de todas formas. 

Los claroscuros que no pueden plasmarse bien con los datos y los números. Los que desmienten la mentalidad del dataísmo. Y la única manera de hacerlo es ponerse en las carnes claroscuras de un cuerpo femenino, que vive con todos los contrarios reproduciéndose en sí misma. 

No se puede mostrar la inseparabilidad de la luz y la oscuridad aspirando a lo universal. Por eso, la obra de Carmen Lloret no es un tratado teórico sino un registro. No es una afirmación de obra de arte sino un diario plástico.

Cada día una emoción. A veces varias emociones un mismo día. El registro continuado de momentos diferentes, sentires diferentes, luces diferentes, ponen de manifiesto la multiplicidad. Y cuánta belleza hay en lo múltiple, pudiendo elevarlo sobre lo uno…

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