Filosofía Mujeres

Nietzsche vs Platón, y otros filósofos del montón.

Llega a su fin este primer curso académico en el que he tenido el lujo de dar clases de Filosofía en bachillerato. ¡Qué primer año! Un comienzo apresurado e improvisado (bueno, ¿acaso alguien comienza de otra manera?), una mitad de curso interrumpida por la pandemia, y un final desdibujado… No hemos podido despedirnos en las aulas, en los patios, en los pasillos. Ni siquiera en la graduación.

Christine de Pisan, el feminismo antes del feminismo ...
La Ciudad de las Damas, Christine de Pizan.

Uno de los objetivos que me había planteado en la programación de Historia de la Filosofía había sido introducir a filósofas entre tanto filósofo, y hacerlo con la naturalidad que ellas mismas y sus obras merecen. Ya en la Antigua Grecia fuimos mencionando a Hiparquia o a Diotima, pero Platón es uno de los filósofos-estrella de la EBAU y nos reclamaba casi todas las energías. Al comienzo del segundo trimestre, cambiamos de escenario y dimos una clase en la biblioteca para descubrir a Christine de Pizan y su prólogo a La Ciudad de las Damas, donde ridiculizaba, mediante un uso brillante de la ironía, la misoginia de todos los “intelectuales” que la rodeaban en el siglo XIV.

Después tocó centrarnos en Descartes, otro filósofo-estrella, en el que volvimos al dualismo entre el pensamiento y la materia -entre cuerpo y alma- que ya habíamos tratado en Platón. ¡Qué ganas tenía de demostrar la importancia de la filosofía de mujeres como Marie de Gournay, Margaret Cavendish, Ann F. Conway, Olympe de Gouges o Mary Wollstonecraft! Muchas de ellas autoras claves en la oposición y destrucción del dualismo pensamiento-materia o cuerpo-alma, muchas de ellas reivindicando una idea de “naturaleza” y “pensamiento” ya orgánica y vitalista… Y, por supuesto, responsables de los comienzos del feminismo.

Margaret Cavendish, feminista en el siglo XVII.
Margaret Cavendish, filósofa, científica y feminista en el siglo XVII.

Pero los contenidos exigidos por la legislación y la cuarentena lo pusieron muy difícil. Tuvimos que pasar casi de puntillas por Kant y concentrarnos luego en Nietzsche. Es siempre refrescante llegar a Nietzsche después del platonismo o la modernidad (tan simplificada por la legislación). El filósofo-estrella del martillo se abre paso como un huracán destructor que arrasa con lo viejo sin remordimientos, abriendo los brazos a todo lo nuevo que venga después. Y esto seduce. Pero el propio Nietzsche escribe de Dios (y del inteligible platónico) que nosotros le hemos matado: usa el plural y no el singular.

A las amantes del pensamiento nos gusta reconocer que no es sólo un filósofo (generalmente, y como parece transmitir el currículum educativo, un hombre) el que destruye el racionalismo, el dualismo, el mecanicismo, el platonismo o la cultura judeocristiana. Probablemente sin la influencia reconocida de Ann F. Conway o Margaret Cavendish, Leibniz no habría concebido igual su filosofía natural opuesta al mecanicismo. Es decir, sin ellas hubiera faltado el impulso originario que guía la transformación de una filosofía natural mecanicista a otra vitalista. Y por tanto, de una metafísica dualista a una concepción también vital y orgánica de la propia existencia.

Una charla con las grandes filósofas de la historia del pensamiento
Fragmento de la portada de
“La filosofía contada por sus protagonistas III. Entrevistas virtuales con las grandes filósofas” de José Antonio Baigori (Laberinto).

Todo esto me ha venido a la cabeza en las sesiones que estamos dedicando a la resolución de dudas de la EBAU. Una de las alumnas, L., contaba como si de un cuento maravilloso y fácil se tratara, la labor destructiva de Nietzsche contra el platonismo. Y se lamentaba de que el autor más actual y vivo que han podido estudiar este año no fuera una opción en selectividad. Las demás la escuchábamos y asentíamos, y yo no podía dejar de recordarles que también se pierden en el sistema del examen absolutamente todas las filósofas. Pensé en Conway, en Cavendish, en Simone Weil, en Hannah Arendt, en Simone de Beauvoir (señalando unas cadenas que antes nos parecían invisibles) y hasta en Hipatia (ella sin voz, sin cuerpo y sin dedo para señalar). Pensé en todas ellas mientras L. nos enseñaba su habitación; ese lugar que ha convertido en su mundo entre la cuarentena y la preparación de la selectividad: un mundo en el que flotan nubes de algodón bajo el techo.

Pero por hacer las paces con Nietzsche, con Platón, y con todos los filósofos del montón, compartí con ellas este fragmento del prólogo de Ecce Homo, obra maravillosa de Nietzsche por mucho delirio que se le atribuya:


“No soy, por ejemplo, el <coco>, una especie de monstruo en el terreno moral; todo lo contrario, soy lo opuesto a ese tipo de hombre que hasta hoy ha sido venerado a causa de su virtud. Entre nosotros, pienso que esto constituye precisamente un motivo de orgullo para mí. Soy discípulo del filósofo Dioniso, y prefiero ser sátiro que santo. Pero léase este librito. Quizá haya logrado expresar esta oposición de un modo alegre y cordial, pues es posible que este escrito no persiga otro objetivo más que ése. Nada más lejos de mi intención que tratar de que la humanidad <sea mejor>. No erijo nuevos ídolos; los antiguos van a saber lo que es tener los pies de barro. La palabra <ideales> no significa otra cosa para mí que derribar ídolos: en esto consiste mi misión. En la medida en que se ha inventado esa mentira que es el mundo ideal, se le ha quitado a la realidad su valor, su sentido y su veracidad. El <mundo verdadero> y <el mundo aparente> equivalen al mundo inventado y a la realidad. Hasta hoy esa mentira que es lo ideal ha significado una maldición lanzada contra la realidad; la propia humanidad ha sido falseada y tergiversada por esa mentira hasta en sus instintos más fundamentales, hasta que ha llegado a adorar los valores opuestos a los únicos que hubieran logrado asegurar la prosperidad, el futuro, el derecho supremo a tener un futuro.”

Nietzsche, F., Ecce Homo, prólogo.

Gracias a mis alumnas (y mis alumnos, pero en este caso ellas son más) por la curiosidad, la constancia, el interés y el cariño. Con ellas me siento acompañada en el sendero que andamos y desandamos las amantes del pensamiento, con ellas despido el curso con un nuevo sentimiento: juntas pensamos mejor.

REFERENCIAS:

-Orio de Miguel, B., Lady Conway: Entre los platónicos de Cambridge Leibniz, Fragmentos de filosofía, ISSN 1132-3329, Nº 4, 1994págs. 59-80
-Wilson C. (2007) Two Opponents of Material Atomism. In: Phemister P., Brown S. (eds) Leibniz and the English-Speaking World. The New Synthese Historical Library (Texts and Studies in the History of Philosophy), vol 62. Springer, Dordrecht.

2 thoughts on “Nietzsche vs Platón, y otros filósofos del montón.”

  1. Un artículo muy completo y muy interesante del que se aprende mucho sobre la existencia de filósofas de las que ni siquiera hemos oído hablar, exceptuando a un par de ellas, y que nos vuelve a mostrar que tanto en las artes, como en las ciencias y en el pensamiento nos cuesta ocupar el lugar digno por el trabajo realizado.

  2. La visión de la mujer es necesaria, no porque sea mujer, es necesaria porque es ante todo porque es persona, por tanto es totalmente desafortunado ignorarla o esconder sus aportaciones bajo la alfombra de intereses inadecuados.
    La enseñanza no cumple su función si no está presente.

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