La mirada universal es cosa nueva.

Llevaba gafas horribles y el pelo siempre encrespado la primera vez que leí La Casa de los Espíritus, de Isabel Allende. Ya había cogido la costumbre de leer de manera muy desordenada: no tocaba un libro en días, en semanas, hasta que de repente daba con una novela que hacía que me olvidara de las horas de comer o la obligación de dormir. Mamá tenía que venir a rescatarme, yo soltaba el libro aquel momento…

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